viernes, 5 de diciembre de 2008

El triste idilio de Lucy Gayheart


La editorial Alba presenta una novela de madurez de la escritora Willa Cather

MADRID.- Decía Harold Bloom en 'Genios', que los personajes femeninos de Willa Cather nos inspiran amor como se lo inspiraron a ella. Visto así, Lucy Gayheart, protagonista de la novela que edita ahora Alba, viene a ser otro de esos ensayos de melancólico amorío lesbiano de Cather, en los somnolientos crepúsculos americanos.
De Cather (1873-1947), de discreto virtuosismo y despliegue de palabra, podría decirse aquello que alguien dijo en broma de Isaak Dinesen, que era una gran escritora... del siglo XIX. Alguno podría quizá incluir aquí a Edith Wharton. Damas estilosas del detalle, controvertidas en lo social y que realizan una melancólica inspección de lo amoroso desde lo íntimo, contra la inclemencia de la convención, en un entorno encorsetado y moralista.
Desde su dialéctica campo/ciudad, desde su cadencia romántica, alguien podría entender a Cather como una moderna heredera estadounidense de las Brönte o de la Austen. Sólo que, aún con esa pulsión romántica, en Lucy Gayheart se brinda una contención sofisticada, y una depurada exploración de lo mínimo, lejos de los viejos parámetros (la mirada persiste romántica).
"La vida es terriblemente corta y no demasiado importante". Esto se dice y se ilustra en este relato, sobre el primer amor y el primer desaliento de Lucy Gayheart, una pianista de provincias (muy bonita, por cierto, la portada, sacada de un detalle de un cuadro de Manet), un poco aturrullada y un poco distinguida, un poco marimacho y a la vez muy femenina. Muy simpática, Lucy Gayheart. Harold Bloom tenía razón en lo del efecto que producen las flamantes construcciones lesbianas de Cather.
Mr Sebastian aparece
Lucy, que tiene un pretendiente en su pueblo, en Haverford, que tiene un padre relojero que toca en la banda municipal y una hermana solterona, y un poco dominante, de gestos "afanosos y enérgicos" (o sea, una pesada), se enamora de un cantante de fama: Clement Sebastian. Canta 'Cuando nos separemos...', un poema de Byron, y Lucy pone los ojos muy grandes. En el bote.
Chica lozana y soltera se enamora de chico ya casado de edad madura, chico evita a chica hasta que chico repasa su vida y ve que es lo mejor que podría hacer, chica y chico se besan y se prometen cosas, chica sufre celos por la mujer de chico y chico le promete que lo suyo tiene futuro... una historia de manual.
Si compara sus ansias con "la sensación de que una barrera protectora había desaparecido, de que había roto una ventana, por la que entraban el frío y la oscuridad de la noche", el saberse correspondida le sorprende primero, y le gusta después, como manda la norma.
Los tres capítulos (el tercero separado por 25 años, con varios funerales por en medio) parecen explicar que, una vez desaparecida esa "barrera protectora", ésta no vuelve jamás, y la visión global está sumida en una tristeza de abatido color plomo, de desolación cotidiana y continuada renuncia que se extiende a los otros dos personajes que comparten, lejos de Chicago, en Haverford, cierto protagonismo: la hermana y el primer y originario pretendiente, el "deseado" Harry Gordon.
"En los pueblos, las vidas de las personas discurren muy cerca las unas de las otras; odios y amores palpitan sueltos, casi tocándose las alas". Se puede adelantar que se trata de una historia triste.

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