viernes, 2 de enero de 2009

Familias homofóbicas


El 18 de diciembre 66 países representados en la Asamblea General de la ONU, apoyaron una declaración que garantiza la protección de los derechos humanos, en la cual se exige que se deben aplicar por igual a todos los seres humanos, independientemente de su orientación sexual o identidad de género.
El estado Vaticano expresó su oposición a la declaración y tanto Estados Unidos como los países islámicos se negaron a firmarla.
También en diciembre se dieron a conocer las conclusiones de una sustantiva y novedosa investigación sobre los efectos del rechazo familiar hacia adolescentes lesbianas, gays y bisexuales (LGB).
Los resultados serán publicados en la edición de este mes del Journal of the American Academy of Pediatrics, con el título “El rechazo familiar como factor predictivo de consecuencias negativas para la salud de jóvenes lesbianas, gays y homosexuales blancos y latinos”. El estudio, comandado por Caitlin Ryan y desarrollado por un equipo del Instituto César E. Chávez de la Universidad del Estado de San Francisco, muestra que el rechazo de los padres hacia sus hijas e hijos perjudica dramáticamente su salud mental: en comparación con LGB que se sienten respaldados por sus familiares, los que fueron rechazados en la adolescencia podrían experimentar 8.4 veces más inclinación al suicidio, propensión 5.9 veces mayor para sufrir altos niveles de depresión, 3.4 veces mayor tendencia al consumo de drogas ilegales y 3.4 mayor probabilidad de incurrir en prácticas sexuales de riesgo. Los hombres latinos reportaron los mayores niveles de rechazo familiar por su orientación sexual en la adolescencia.
Tal como lo refirió Ryan: “ una de las preocupaciones del trabajo es contribuir a desarrollar recursos preventivos, herramientas e intervenciones que fortalezcan a las familias a fin de prevenir actitudes de rechazo, evitar la expulsión del hogar de adolescentes homosexuales o lesbianas, así como mejorar la vida de jóvenes LGB y de sus familias.” Los padres y tutores pueden modificar el comportamiento de rechazo una vez que comprenden el grave daño que causan sus palabras y acciones en la salud de sus hijos.
El trabajo fue dado a conocer en México por Luis Perelman, cofundador de la Asociación Internacional de Familias por la Diversidad Sexual y presidente de la Federación Mexicana de Educación Sexual y Sexología, quien dijo: “si bien el problema había contemplado con anterioridad el rechazo familiar, éste había sido visto como algo natural frente al que no había nada que hacer ya que se consideraba cuestión de ‘suerte’ que los padres aprendiesen a sobrellevar la situación. Sin embargo, gracias a iniciativas como ésta, se están obteniendo datos que servirán para orientar la toma de decisiones en las políticas públicas sanitarias… tal y como hemos observado en el trabajo que venimos realizando con familias de jóvenes homosexuales a lo largo de los años, el poder de los padres es tal que pueden hacer de sus hijos los más felices o los más desdichados. Cuando la familia es un apoyo y no un obstáculo, las circunstancias, por difíciles que sean, se pueden encarar y superar con éxito”.
Realmente resulta interesante constatar que, pese a las grandes transformaciones que ha experimentado la familia, después de haber perdido su rol en la producción así como sus funciones políticas y religiosas, la institución familiar actual no solamente es la unidad de residencia sino también la de consumo, pero al mismo tiempo sigue teniendo un papel crucial para asegurar el equilibrio sicológico de sus miembros. El grupo doméstico se carga de afectividad y se repliega sobre sí mismo para proteger a sus miembros de la deshumanización del exterior; hoy más que nunca la familia es un refugio: en un par de personas se concentra toda la afectividad y también la base de la identidad. Más que sumergirse en el grupo doméstico, situarse dentro de una red familiar permite identificarse en el tiempo y en el espacio, aún entre quienes se separan o emigran. Por la historia familiar uno sabe quién es y de dónde se viene; la red familiar proporciona el sentimiento de estabilidad, de pertenencia, de identificación.
Un núcleo de altruismo, como afirmara alguna vez Adam Smith, “de bienestar generado por la contemplación del bienestar del otro; de este modo la familia aparece como nodo de altruismos en oposición al mercado, considerado como nodo de egoísmos”. Si el mercado no ha terminado con la institución familiar es porque la necesita, sobre todo en tiempos críticos. La homofobia familiar no solamente violenta la vida afectiva de adolescentes y de lesbianas, gays y bisexuales, también debilita las redes familiares y aumenta la infelicidad; es además una amenaza contra la poca solidaridad y la tolerancia que queda en este mundo, donde lo que domina es el consumo y la avaricia.

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